Anoche (esta noche) me entretenía acomodando cuchillas entre la piel. Si te fijas bien, no parece que te cortaras, solo que la piel cediera paso ante ese elemento filoso que desea hacer parte de tí.

He descubierto que el corazón es de esos órganos que se regeneran... recuerdo haberlo dañado muchas veces, lo arugué otras tantas, lo he insultado, golpeado y arañado. Nada. ahí está, cumpliendo su bonita función: Hacer que brote la sangre. Ser rojo.

El dolor del espíritu se hace uno con el del cuerpo, ese dolor se disipa mientras se acomodan las cuchillas, cada una en su lugar. Es importante que todos estén en su lugar, porque ya empieza la función. Ese tercer acto para los que nos gusta el color rojo.