¡Qué terrible para un escritor el amar y ser correspondido! Como si no hubiese otra opción que contribuya al bloqueo mental. ¡¡De veras, no hace falta!! Por favor, no destruya un escritor, no lo mate con buenos sentimientos.

No queremos ver la vida rosada, ni alcanzar la felicidad, ni sonreír al mundo, ¡¡¡No!!! ¿Acaso parece?

Los que escribimos queremos sufrir, queremos sentir el dolor y la dicha de morir y renacer con cada palabra, escribir con lágrimas en los ojos, con la pasión que solo brinda la desgracia!

Queremos perseguir una felicidad tan inalcanzable como nuestra sombra… No Podemos estar enamorados de un “posible” o de un “tangible”. Cuando hemos alcanzado la cima, de repente olvidamos todo ese abismo por el que escalamos.

Escritores: No olviden lo infelices que son a veces, lo incomprendidos que se sienten, el deseo de ser escuchados, de ser leídos, de ser pensados, y por qué no, recordados. No olviden que la misión del escritor es ser inmortal como la palabra. No se dejen convencer de sentimientos efímeros a no ser que los inspiren para un nuevo escrito. No desaparezcan en la nada. No se esfumen en el silencio de la hoja en blanco.