No has dado un paso siquiera y ya te extraño como si te
hubieras ido para siempre.

Como si al darme la espalda activaras un mecanismo
de autodestrucción. Como si cayera por las paredes de este mundo que se hace
plano si no estás.

Dibujas una sonrisa en tu rostro y el mundo alrededor
comienza a colorearse, a tener sentido. Y yo comienzo a sentir que no tiene
sentido que te vayas, que el mundo se ve más opaco tras tus pasos, y mi vista
se nubla para siempre con tu “no nos veremos de nuevo”.

Porque antes de
conocernos ya éramos uno, y si no existiese más que lo que hacemos, el destino
se ha inventado solo para reunirnos.

Jamás entenderé por qué te vas. Jamás
comprenderé cómo, no habiendo una palabra más grande para abarcar lo que eres,
lo que significas, tengo que llamarte “amigo”.