Érase una vez una pequeña y atolondrada criatura, que iba en busca de su propio tesoro perdido. Ella le llevaba ventaja a los demás, pues sabía que su tesoro no sería del interés de nadie.
Aun así, no podía encontrarlo.
Viajó por todo el mundo, buscó en las nubes y bajo las piedras. No encontró nada, aunque levantó piedras muy pesadas, y miró mas allá de las nubes.
Buscó en las personas a su alrededor. Les preguntó y miró dentro de ellas, pero no encontró lo que buscaba.
Le dijeron que mirara dentro de sí, porque todo lo que se pierde va a parar ahí. Por supuesto, ahí no estaba. Si hubiera estado dentro, no hubiera tenido que viajar tanto para buscar.
La criatura se hizo mayor, y no encontró su tesoro. Pero se volvió fuerte levantando piedras, de mirada aguda al mirar el cielo, encontró su sabiduría interior y supo cómo mirar a los otros.
Moraleja: Más te vale que empieces a buscar tu tesoro perdido. Y ojalá nunca lo encuentres.
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Para què buscar el tesoro pérdido? jajaja Tienes razòn: ojala nunca lo encuentres