El tiempo se lleva las palabras como el viento las hojas.

Nuestras promesas vuelan con el viento y serán olvidadas en algún lejano mar.

Al final, encontraremos esas palabras que una vez dijimos;

derramaremos una lágrima honrando el Pasado

y por más que escuchemos,

no recordaremos lo que se sentía cuando mirábamos al cielo,

cuando jurábamos y confiábamos en nuestras propias promesas.

Cuando confiábamos en nosotros mismos.

¿Cuántas veces vas a faltarte a una promesa?